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Los adelantos tecnológicos en el
campo de la fertilidad nos traen nuevos retos y nuevas preguntas
en cuanto a la moralidad de algunos procedimientos. ¿Cuáles son
las técnicas de fertilización moralmente aceptables? ¿Cuáles
no? ¿Por qué? A continuación presentamos unas reflexiones sobre
la esterilidad y la fecundación artificial homóloga (técnica
encaminada al logro de una concepción humana mediante la unión
in vitro de gametos de los esposos). Estas reflexiones están
basadas en la encíclica Donum Vitae (Respeto a la vida humana
naciente y la dignidad de la procreación) de la Congregación
para la Doctrina de la Fe, sección II, números 4,5 y 8.
En sus enseñanzas sobre el
matrimonio y la procreación, la Iglesia nos dice que el acto
conyugal tiene dos significados: uno unitivo y otro procreador. Es
decir, que el mismo acto por el que los esposos se unen en una
sola carne, es el que los hace "idóneos para engendrar una
nueva vida …". Dios ha querido que haya una conexión
inseparable entre estos dos significados del acto conyugal que el
hombre no puede romper por propia iniciativa.
Esta doctrina aclara el problema
moral de la fecundación artificial homóloga. Si, por un lado, la
contracepción priva intencionalmente al acto conyugal de su
apertura a la procreación, por otro, la fecundación artificial
intenta una procreación que no es fruto de la unión
específicamente conyugal. Por lo tanto, la fecundación
artificial deja la procreación fuera del acto conyugal, es decir
del gesto especifico de la unión de los esposos.
Un hijo ha de ser el fruto de la
donación recíproca realizada en el acto conyugal, en el que los
esposos cooperan como servidores y no como dueños, en la obra del
Amor Creador.
El origen de una persona humana no
puede ser querida ni concebida como el producto de una
intervención de técnicas médicas y biológicas: esto
equivaldría a reducirlo a ser objeto de una tecnología
científica.
El deseo de un hijo es un requisito
necesario desde el punto de vista moral para una procreación
humana responsable. Pero esta buena intención no es suficiente
para justificar una valoración moral positiva de la fecundación
in vitro entre los esposos.
La Iglesia es contraria desde el
punto de vista moral a la fecundación "in vitro", ésta
es en sí ilícita y contraria a la dignidad de la procreación y
de la unión conyugal, aun cuando se pusieran todos los medios
para evitar la muerte del embrión humano.
El documento, además, da unas
palabras de aliento y consejo a aquellas parejas que son
estériles: El sufrimiento de los esposos que no puede tener hijos
o que temen traer al mundo un hijo minusválido es una aflicción
que todos deben comprender y valorar adecuadamente.
Por parte de los esposos el deseo
de descendencia es natural: expresa la vocación a la paternidad y
a la maternidad inscrita en el amor conyugal. Este deseo puede ser
todavía más fuerte si los esposos se ven afligidos por una
esterilidad que parece incurable. Sin embargo, el matrimonio no
confiere a los cónyuges el derecho a tener un hijo, sino
solamente el derecho a realizar los actos naturales que de suyo se
ordenan a la procreación.
Un hijo no puede ser considerado
como un objeto de propiedad: es más bien un don, "el más
grande" y el más gratuito del matrimonio, y es el testimonio
vivo de la donación recíproca de sus padres. Por este título el
hijo tiene derecho a ser fruto del acto específico del amor
conyugal de sus padres y también tiene derecho a ser respetado
como persona desde el momento de su concepción.
La esterilidad, cualquiera que sea
la causa, es una dura prueba. La comunidad cristiana está llamada
a iluminar y sostener el sufrimiento de quienes no consiguen ver
realizada su legítima aspiración a la paternidad y a al
maternidad. Los esposos que se encuentran en esta dolorosa
situación están llamados a descubrir en ella la ocasión de
participar particularmente en la cruz del Señor, fuente de
fecundidad espiritual. Los cónyuges estériles no deben olvidar
que "incluso cuando la procreación no es posible, no por
ello la vida conyugal pierde su valor. La esterilidad física
puede ser ocasión para los esposos de hacer otros importantes
servicios a la vida de las personas humanas, como son, la
adopción, los varios tipos de labores educativas, la ayuda a
otras familias, a los niños pobres o minusválidos".
Muchos investigadores se han
esforzado en la lucha contra la esterilidad. Salvaguardando
plenamente la dignidad de la procreación humana, algunos han
obtenido resultados que anteriormente parecían inalcanzables.
La encíclica
incluye argumentos sobre la fertilización in vitro, la maternidad
sustituta y la manipulación de embriones entre otros temas.Para ordenar este libro por favor visite el enlace CCL.
60 páginas.
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