Comienzo

¿Puede la Lactancia Espaciar los Nacimientos?

Declaración de la Academia Americana de Pediatría

El Papa Juan Pablo II habla sobre lactancia

 

 

 

El Papa Juan Pablo II habla sobre la Lactancia


Mensaje a la Academia Pontificia de las Ciencias
12 de mayo de 1995

La Academia Pontificia de Ciencias, juntamente con la «Royal Society» de Londres, organizaron una sesión de estudio sobre un tema que interesa a las madres y a sus hijos en los primeros meses de vida y es de gran importancia para toda sociedad, rica o pobre: «Lactancia del seno materno ciencia y sociedad». La «Royal Society» tiene su sede en Londres y es la sociedad científica más antigua de Gran Bretaña, donde nació en el siglo XVII, y una de las más antiguas de Europa. Juan Pablo II, la mañana del 12 de mayo, en la sala de los Papas, recibió a los participantes en esta reunión de estudio. Al comienzo del encuentro dirigió unas palabras al Santo Padre en nombre de todos Mons. James Thomas McHugh, obispo de Camden (Estados Unidos). Su Santidad pronunció en inglés el discurso que ofrecemos a continuación traducido al castellano.

 

Eminencia; excelencias; señoras y señores:

1. Como siempre, es motivo de satisfacción reunirme con los distinguidos participantes en los encuentros de estudio organizado por la Academia Pontificia de Ciencias, y agradezco a Mons. James Thomas McHugh sus amables palabras de introducción. Me alegra hoy especialmente manifestar mi estima a la «Royal Society», que ha organizado este importante encuentro.

La Academia Pontificia de Ciencias, fiel a su finalidad y a sus estatutos, afronta un amplio campo de cuestiones científicas, sociales y éticas, que se relacionan con el servicio que la Iglesia presta a la familia humana, servicio que brota del mandamiento evangélico fundamental del amor. La Academia desempeña un papel importante en ayudar a la Iglesia, y en particular a la Santa Sede, a realizar esta tarea de servicio, valiéndose de los conocimientos científicos más avanzados. Vuestros estudios e investigaciones contribuyen al importante esfuerzo de la Iglesia por acompañar a la humanidad por su camino a través de las realidades temporales hacia el grande e inexorable destino trascendente del hombre.

Una actividad benéfica

2. En esta ocasión habéis sido invitado a compartir vuestras experiencias sobre el tema específico: «Lactancia del seno materno ciencia y sociedad», como parte del estudio de conjunto que la Academia viene realizando desde 1990 sobre población y recursos. En vuestra calidad de científicos dirigís vuestra investigación hacia una mayor comprensión de las ventajas de la lactancia del seno materno para el hijo y la madre. Como su grupo de trabajo puede confirmar, en circunstancias normales tiene dos ventajas fundamentales para el hijo: la protección contra las enfermedades y la alimentación adecuada. Además de esos efectos inmunológicos nutritivos, este modo natural de alimentar puede crear vínculos de amor y seguridad entre la madre y el hijo, y permitir que éste afirme su presencia como persona a través de la interacción con la madre.

Todo esto es, desde luego, un tema de gran interés para innumerables madres e hijos, y reviste notable importancia para cualquier sociedad, sea rica o pobre. Espero que vuestros estudios sirvan para incrementar la conciencia pública de cuán benéfica es esta actividad natural para el niño y cómo ayudar a crear una intimidad y una unión con la madre, tan necesarias para que el niño tenga un sano desarrollo. Este vínculo es tan humano y natural, que los Salmos usan la imagen del hijo amamantado por su madre para representar la ternura de Dios hacia el hombre (cf. Salmo 22,9). Esta interacción entre madre e hijo es tan importante, que mi predecesor, el Papa Pío XII, exhortó a las madre católicas a que en la medida de lo posible, amamantaran a sus hijos (cf. Discurso a las madres, 26 de octubre de 1941). Por tanto, desde diversos puntos de vista este tema interesa a la Iglesia, porque está llamada a ocuparse de a santidad de la vida y de la familia.

Ayudar a las madres

3. Los informes procedentes de todo el mundo indican que dos tercios de las madres siguen amamantando a sus hijos, por lo menos hasta cierto punto. Pero las estadísticas muestran, asimismo, que está disminuyendo el número de mujeres que alimentan a sus hijos de este modo, no sólo en los países desarrollados, donde esta práctica debe reanudarse, sino también en los países en vías de desarrollo. Esta disminución se debe a una combinación de factores sociales, como la urbanización y las obligaciones cada vez mayores que recaen sobre la mujer, las políticas y prácticas de asistencia sanitaria, y las estrategias de mercado con formas alternativas de alimentación.

A pesar de todo, la mayor parte de la investigación está más a favor de la lactancia que de sus sucedáneos. Los organismos internacionales responsables están exhortando a los gobiernos garantizar que las mujeres puedan amamantar a sus hijos durante los primeros cuatro a seis meses a partir del nacimiento, y a seguir esta práctica, complementada con otros alimentos apropiados, hasta el segundo año de vida o más (cf. UNICEF, Niños y desarrollo en la década de 1990, en ocasión de la Cumbre mundial sobre los niños, Nueva York, 29-30 de septiembre de 1990). Por eso vuestro encuentro quiere ilustrar las bases científicas para fomentar las políticas sociales y las condiciones laborales que permitan a las madres amamantar sus hijos.

En concreto, afirmamos que las madres necesitan tiempo, información y asistencia. Se pretende tanto de la mujer en numerosas sociedades, que no siempre dispone de tiempo para la lactancia y los primeros cuidados. A diferencia de otros métodos de alimentación nadie puede sustituir a la madre en esta actividad natural. Además, la mujer tiene derecho a ser informada correctamente sobre las ventajas de esta práctica, así como sobre las dificultades que presenta en algunos casos. También habría que apoyar y formar adecuadamente a los profesionales de la asistencia sanitaria para que ayuden a las mujeres en estas cuestiones.

Un camino necesario

4. En la reciente encíclica Evangelium Vitae escribí: «La política familiar debe ser eje y motor de todas las políticas sociales (...), además, es necesario replantear las políticas laborales, urbanísticas, de vivienda y de servicios para que se puedan conciliar entre sí los horarios de trabajo y los de la familia, y sea efectivamente posible la atención a los niños y a los ancianos»
 (n. 90).

¿Se trata de una vaga utopía o de un camino necesario para el auténtico bienestar de la sociedad? Incluso esta breve reflexión sobre la acción individual y privada de una madre que amamanta a su hijo puede conducirnos a un replanteamiento crítico más profundo y amplio de ciertos presupuestos sociales y económicos, cuyas consecuencias humanas y morales negativas cada vez son más difíciles de ignorar. Desde luego, es sumamente necesario realizar un examen radical de numerosos aspectos de los modelos de trabajo socioeconómicos predominantes, de la competitividad económica y de la falta de atención a las necesidades de la familia.

5. Así pues, os doy las gracias por haber dedicado vuestro tiempo y por haber colaborado en este encuentro organizado por la Academia Pontificia de las Ciencias y la Royal Society. Espero la síntesis y los resultados de vuestros estudios, para que esta documentación pueda difundirse ampliamente entre los organismos eclesiales y las instituciones interesadas de todo el mundo. Ruego por el éxito de vuestra investigación y por vuestro bienestar personal. Que Dios os bendiga, concediéndoos fuerza, alegría y paz a cada uno de vosotros y a los miembros de vuestras familias.